viernes, 14 de julio de 2017

El oficio de escritor



El poeta Heberto Padilla todavía está en un calabozo de Villa Marista y Jorge Edwards se puso bajo la protección de Pablo Neruda en París cuando el encargado de negocios interino de Chile en La Habana —Manuel Sánchez Navarro— estampa en el pasaporte de un cubano llamado Antonio de la Guardia la visa para ingresar en Santiago como “auxiliar de embajada”. El capitán Antonio de la Guardia Font. El hombre emblemático de las fuerzas especiales cubanas. Sobra decir que Manuel Sánchez ni tiene idea de quién se trata. Que nadie en Chile alcanza a entender lo que esto significa. (Muy entretenidos en la supuesta zozobra de Castro por su bronca con los intelectuales y la gritería por el arresto de Padilla.) Pero lo que significa esa visa otorgada el 22 de abril de 1971, es que los cubanos ya saben que tienen la mano libre para el envío de las tropas. El proyecto del viaje de Fidel se encuentra en plena capacidad de movilización. A toda marcha. Eliminado el obstáculo que significaba Jorge Edwards al frente de la embajada chilena en Cuba, comienzan a actuar. Hasta ese momento todo el trasiego era de personal diplomático auténtico y burócratas y delegaciones culturales y económicas. Sobre todo culturares, que si en Cuba hay algo que sobra es guarachero. Ah, ¿pero qué es lo que ustedes entienden por cultura? ¿Pintores? ¿Literatos? No, hombre. No sean bobos. Aquí la cultura es los conjuntos de música bailable, lo que ahora se llama salsa. Porque si hay una verdad absoluta en este mundo, es que nunca una lira ha sonado tan tico como un par de timbales. Venga la conga. Adiós, poeta.

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Las lectura de los registros de visados otorgados en La Habana entre enero y noviembre de 1971 convierten una sospecha en convicción. Cuba no entregó ninguna información de interés de inteligencia a la misión chilena mientras Edwards estuvo al frente de sus asuntos. Evidencia además que la expulsión del personaje con el antecedente del arresto de Padilla dos días antes tuvo un interés operativo. Fidel ha tomado la decisión de viajar a Chile y esto es lo que indica la jugada con toda precisión. Entonces manda a Santiago a su avezado explorador. Para los que no conozcan al personaje el capitán Antonio de la Guardia pertenece a una estructura archisecreta eventualmente conocida como GOE, por las siglas de Grupo de Operaciones Especiales, adscrita al Ministerio del Interior. 34 días después del arresto de Padilla y 32 de la expulsión “blanda” de Edwards, “El Siciliano” —así le llaman sus camaradas— lidera la primera fase de la Operación Destino.

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Los adelantados:

Luis Fernández de Oña, que tenía una relación sentimental “estable” con Beatriz Allende —conocida como “La Tati”, segunda hija del matrimonio de Salvador Allende con Hortensia Bussi—, es decir, integrado al círculo familiar más íntimo del Presidente, fue el primer cubano que aterrizó en Santiago. Llegó el 26 de septiembre de 1970, 22 días después que Allende ganara la presidencia. Su misión era preparar el establecimiento de relaciones entre los dos países y, con otro cubano, el famoso “Ariel”, nombre de guerra de Juan Carretero Ibáñez, dar los primeros cursos de asesoramiento en normas de seguridad e inteligencia al grupo de protección del Presidente. Pero no se confundan. Esto no es tropa de choque ni grupos de elite. Sencillamente, gente de la inteligencia cubana y con cierta capacidad en el área de los escoltas.

El personal:

En enero de 1971, el primer listado de visas otorgadas que firma Edwards. Lo encabeza, con fecha del 8 de enero, el embajador cubano recién designado Mario García Inchaústegui, con su mujer Gladys Delgado Ortiz y su hijo Mario García Delgado. Todo lo demás es el personal que poblará la embajada cubana en Santiago. Ninguna señal de peligro. Nada que temer. Aún no.

En febrero, el segundo —y último— listado bajo la rúbrica de Edwards. Todavía ningún nombre sospechoso, nada que llame la atención del asesor voluntario Heberto, que se pasa la vida merodeando la suite de Edwards y husmeando entre los papeles.


Antonio de la Guardia Font. Es el nombre que salta a la vista en abril. El Mando toma la medida de solicitarle una visa oficial y no diplomática. Le bajan el tono, como si se tratara de un bedel, o un electricista; en fin, del personal de mantenimiento. Viajará a Chile bajo el dudoso rubro de “auxiliar de embajada”. Él y sus compañeros, porque son varios los auxiliares de embajada. Todos expertos tiradores.
 

El nombre de Pascual Martínez Gil aparece en mayo. Viaja bajo la cobertura de correo diplomático. Pero él es el jefe del GOE y su verdadera misión es estudiar el terreno para la visita del Comandante en Jefe. Estudio de la situación operativa, tal el nombre técnico. Aprovecha, sin embargo, la cobertura de los correos diplomáticos para hacerse cargo de dos o tres de esas valijas. Un tanto pesados los maletines. Van tres Kalashnikov de culatín plegable —más sus módulos de combate (120 balas en cuatro magazines)— por cada valija. Es la norma que establecen los cubanos desde Chile. Tres hierros por valija. Y están volando en grupo. A veces hasta en una frecuencia semanal. Aparece Pascual y aparecen los correos diplomáticos —con sus pesados alijos.


Patricio de la Guardia, hermano gemelo del condotiero Antonio, y otro de los golden boys de Fidel, debuta en junio. Surge en la lista chilena como correo diplomático. Es el segundo del GOE, en realidad, y con sus dotes de mando y finura de maniobra, se suma al dispositivo de Santiago. Ulises Estrada, el otro nombre que se destaca en la ruta de Santiago, era el mensajero del Che Guevara en su fracasada aventura del Alto Zaire. También utilizó sus habilidades románticas para seducir a Tamara Bunke y reclutarla para los servicios de inteligencia cubanos. Ulises era un negro grandulón y parlanchín y Tamara estaba encantada con él. Al final Ulises la sembró en Bolivia, para que le sirviera de enlace del Che. Por ese entonces ella comenzó su fama internacional como Tania la Guerrillera. Terminó, como se sabe, atravesada a balazos por una emboscada del ejército boliviano el 31 de agosto de 1967 en un recodo del Río Grande llamado Vado del Yeso.


Los nombres siguen saliendo a flote. Nuestros hombres de agosto. Lino Carrera, comandante del Ejército Rebelde, y —cuando se instituya el generalato en Cuba—, uno de sus primeros generales de brigada de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Raúl Díaz Argüelles, comandante de la guerrilla y héroe de la lucha clandestina contra Batista. En 1975, primer jefe de las tropas cubanas en Angola, donde adopta el nombre de Domingo da Silva, y donde muere, desangrado, al pasar con su transportador blindado sobre una mina antitanque. Arsenio Franco Villanueva “El Gallego”, otro guerrillero y héroe de la clandestinidad y que alcanzará los grados de general del Ministerio del Interior. Miguel A. Duque de Estrada, el funcionario de la cancillería cubana designado para hacerle la vida imposible a Edwards durante su estancia en La Habana y que viaja a Chile sin que nadie se decida a molestarlo. Fernando Florez Ibarra, el temible fiscal de los primeros años de la Revolución, cuya misión programada para Chile es exhalar, junto con el humo de sus soberbios puros, el rumor de los Tribunales Revolucionarios y el consiguiente retumbar del paredón.


Los nombres de octubre. José Luis Padrón, una estrella en ascenso en la oficialidad del Ministerio del Interior; viene de Seguridad Personal y pronto será el director de las operaciones turísticas del país, “llevará” las relaciones con Estados Unidos y será investido como miembro del Alto Mando del omnipresente Ministerio. Juan Pérez Formell, nombre de guerra “Augusto”, un agente de inteligencia cubano sembrado en la Argentina de los años 60 con la misión de fomentar los grupos insurreccionales y de guerrilla urbana. Jorge Luis Estevanell, uno de los venerados oficiales de las operaciones especiales. Cuatro años después de Chile, el 15 de enero de 1976, en un remoto paraje angolano, se dirige al Puesto de Mando instalado en la facenda Victoria, en Engo, provincia de Quibala, cuando la camioneta que guiaba acciona una mina anticarro, probablemente plantada por la fuerza propia y, más que matarlo, prácticamente, lo disuelve.

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Breve repaso de las visas chilenas entregadas en la legación de La Habana entre diciembre de 1970 y noviembre de 1971:

Diciembre 1970. No se ha encontrado constancia escrita. A Luis Fernández de Oña, primer diplomático cubano instalado en Santiago, le impusieron la visa en el aeropuerto, a su llegada a Chile, el 26 de septiembre de ese año.

Enero 1971. Lista suscrita por Edwards el 4 de febrero y que llega por valija diplomática a Santiago el 14. Ese mes, entrega 40 visas diplomáticas y 15 oficiales. 55 visas en total.

Febrero. Es el 3 de marzo. Documento recibido en Santiago el 12. Edwards entrega 28 visas diplomáticas y 51 oficiales. Pero tenemos 68 visas diplomáticas y 66 oficiales. 134 visas en lo que va de año. Ya eso es personal suficiente para una compañía reforzada de cinco pelotones, si quitamos no cubanos y uno que otro camboyano dislocado en La Habana con órdenes de su gobierno de husmear en la experiencia chilena.

Marzo es un mes para calcular, puesto que no hemos localizado el reporte. Edwards, puntualmente, lo hubiese producido a principios de abril, pero, hacia esa fecha, se halla lejos de La Habana. Lejos. Muy lejos. Así que el cálculo arroja que Edwards, antes de partir de Cuba, entregó otras 20 visas diplomáticas, y otras 11 visas oficiales. O por lo menos estampó una porción de ellas. De cualquier modo, en lo que va de año y bajo el reinado de Edwards, tenemos 88 visas diplomáticas y 77 oficiales. Total: 165 visas.

Abril. El listado es remitido a la cancillería chilena el 6 de mayo y es recibido allí el 14. Ese mes han expedido 29 visas diplomáticas y 24 oficiales. Durante todo el año, 117 visas diplomáticas y 101 oficiales. Se advierte que el listado lo firma el encargado de negocios. El último que firmará Manuel Sánchez. Ya estamos en un total de 218 visas. Cierto que el personal comprometido en la invasión se mantiene en números muy modestos. Todavía.

Mayo. Listado el 3 de junio y registrado en la cancillería de Santiago el 15. El primero que firma el Embajador Juan Enrique Vega. Este es un mes de 17 visas diplomáticas y 57 oficiales. En lo que va del año, 134 visas diplomáticas y 158 oficiales; es decir, 292 visas. (La unidad de combate adquiere característica de compañía reforzada.)

Junio. El listado fue preparado el 5 de julio y recibido en Santiago el 12. Han otorgado 19 visas diplomáticas y 23, oficiales, que suman 153 visas diplomáticas y 181 oficiales durante el año en curso, que a su vez suma un total de 334 visas.

Julio. Listado el 3 de agosto y recibido en Santiago el 17. Se concedieron 14 visas diplomáticas y 46 oficiales. En lo que va de año 167 visas diplomáticas y 227 oficiales. En total, 387. Atiendan bien: Trescientas ochenta y siete visas diplomáticas y oficiales en siete meses.

Agosto. Listado del 7 de septiembre y recibido en Santiago el 19. Tenemos 38 visas diplomáticas y 93 oficiales. Suman 205 visas diplomáticas y 320 oficiales. Total: 525 visas (completamiento de un batallón ligero de combate).

Septiembre. Producido el 6 de octubre y recibido el 18. Expedidas 49 visas diplomáticas y 27 oficiales. Suman 252 visas diplomáticas y 349 oficiales. 601 visas en lo que va de año.

Octubre. Listado preparado el 12 de noviembre y recibido el 15 en Santiago. Se otorgaron 59 visas diplomáticas y 60 oficiales. 311 visas diplomáticas y 409 oficiales en el transcurso del año. En total, 720 visas.

El listado de noviembre, sin duda, es la mayor consideración porque culmina una de las operaciones de inteligencia operativa más exitosas de la Revolución Cubana —y con el propio Fidel Castro al frente de ella. El 1 de diciembre, como es menester a principios de cada mes, se prepara el informe, que en este caso llega el 10 a Santiago. Fidel apenas hace días que ha abandonado la plaza, donde permaneció desde el 10 de noviembre hasta el 4 de diciembre. 92 visas diplomáticas y 62 oficiales se otorgaron ese mes. 402 diplomáticas y 471 oficiales en once meses. 874 visas en total. Un servicio exterior ejemplar en su carácter revolucionario. Expansivo y armado hasta los dientes.

*

Un dato ineludible para los que los que descubren el nombre de Antonio de la Guardia. Tony ganó celebridad internacional entre junio y julio de 1989 cuando Fidel decidió deshacerse de su antiguo golden boy y lo involucró en un oscuro proceso de corte estalinista, en el que lo acusó de tráfico de drogas, y por lo cual lo fusiló. También se deshizo en ese proceso de su más encumbrado jefe militar, el general de División Arnaldo Ochoa, y otro par de infelices de menor graduación —Amado Padrón y Jorge Martínez. Todos fusilados. Hubo más condenadas de inmediato, largas condenas de cárcel, las más bajitas de 12 años, aunque la norma fue 30 años, y luego muchos muertos de cáncer o por infarto en las celdas. Pero esa es otra historia. Otro libro.

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Post Scriptum:

El lector queda avisado que estoy poniendo antes sus ojos parte de la información de algunos de los libros míos ya terminados y en cola para publicar, uno sobre el famoso caso Padilla (Plaza sitiada) y otro sobre los escritores en la Revolución (De interés del Buró Tres). Pero además (y entiendo que se trata de una buena noticia para lectores que llevan muchos años esperando) todo esto sale a flote debido a dos razones, por la fecha (hoy, 13 de julio, el 28 Aniversario del fusilamiento de Antonio de la Guardia) y porque acabo de terminar un arduo proceso de edición de Dulces guerreros cubanos, para su publicación en los próximos días. Un hermanito de la nueva hornada, alguien aún ilusionado con una Revolución que no conoció, ha sido instrumental y decisivo en la búsqueda de la documentación chilena y en la preparación de estos tres libros de los que estoy hablando: Pedro Schwarze.

Ahora es comprensible que Tony, sus fotos y toda su papelería, me haya estado asaltando por doquier, ese cabrón fantasma del socio, ese triste y aún desconcertado fantasma. Quise tener listo para hoy el libro de los guerreros —"los dulces", yo le llamo— y publicarlo como un homenaje. Pero de qué le sirven los homenajes a los muertos. Ni siquiera que los venguen. Te jodieron, Brother. Nos jodieron.

La foto que aparece como ilustración de este texto es la captura de un video tomado en el sector militar cubano del aeropuerto de Luanda a mediados de 1988.

martes, 13 de junio de 2017

Fidel en su piedra,
Raúl mientras agoniza




Un destino poco glorioso para los nuevos próceres. Antes había que abatirlos montados en briosos corceles, machete en mano, a todo galope contra las primeras líneas, rodilla en tierra, de los fusileros enemigos y aunque los proyectiles trazadores no se hallaban en existencia, tú veías abalanzarse sobre ti la andana de los plomos que te levantaría en peso de la montura y te derribarían en la tierra antes de saber que ya estás muerto y que un tropel de cascos te está macerando sobre el terreno porque la marcha no puede detenerse. Ahora, sin embargo, te mueres en las refrigeradas estancias de un salón de terapia intensiva. De acuerdo a la investidura, hasta tienes oportunidad de firmar algunos de los decretos que se te quedaron en la gaveta. Toda la gloria del mundo según las consolas Westinghouse. Pero, ironías aparte, tal puede ser el episodio que transcurre actualmente en la existencia del presidente cubano. Un amigo me escribe desde el norte de Argentina y dice que están diciendo —allá, en el norte de Argentina, me imagino— que Raúl está grave en terapia intensiva y que si uno sabe “algo”. Uno, en verdad, no sabe nada, aunque siempre puede elaborar alguna reflexión, y responde “No sé nada, pero ya es hora… ¿no?” Y agrega que antes ocurría lo mismo con Fidel y que en Miami lo mataban todas las semanas. Ya, después, cuando se puso malito de verdad, en el orden personal se produjo una época de modesta pero significativa bonanza para este autor, porque todo el mundo le pedía artículos y reseñas y declaraciones y hasta preparó dos obituarios por adelantado. Mas él no cree que pueda esperar la misma fortuna con el eventual deceso de Raúl Castro puesto que por estos lares se encuentra exiliado desde hace unos años su amigo Alcibíades Hidalgo, que sí conoce bien a Raúl. No en balde fue su jefe de despacho en el Comité Central y hasta creo que compartieron una hacienda en el Valle de Viñales a donde llevaron a dos azafatas que ambos ligaron en un viaje, no sé si a Yugoslavia, o a Polonia. Un cabroncito ese Alc, si yo se los digo. Pero, bueno, a lo que iba, Alc —¿ya se dieron cuenta que era el sobrenombre de Alcibíades?— puede sacarle algún jugo a la situación. Los que si no van a poder sacarle nada son los patriotas de la troupe del Versailles, el grasoso restaurante de la calle 8 del South West de Miami, la mítica Sagüesera, que salían a conguear cada vez que Fidel se moría. La última de estas congas, como se sabe, tuvo lugar el viernes 25 de noviembre del año pasado, con la noticia del fallecimiento, esta vez en serio, del comandante. Bailaron y gozaron de lo lindo durante unos días. Pero, al final, al igual que en la canción de Joan Manuel Serrat, y apenas en el transcurso de ese fin de semana, se acabó la fiesta. Aunque del modo que la turba nunca había calculado. Porque se acabó la fiesta pero también se acabaron ellos. Fidel se llevó el desafío. Fidel se llevó la confrontación. En definitiva, Fidel se llevó el alma de la nación. Y si ellos no se dieron cuenta, Obama sí. A los pocos días, al eliminar de un plumazo la famosa ley de “pies secos, pies mojados”, remató su maniobra con la tirada más humillante que un presidente americano le haya tirado en la cara a la vieja contrarrevolución cubana: que no había ninguna diferencia entre ellos y un guatemalteco o un salvadoreño. Puede que, no obstante, quede rondando por la zona de parqueo del Versailles, algún iluso deseoso de salir a festejar el eventual fallecimiento de Raúl Castro. Que empiece, pues, a calentar los cueros. Y así son las cosas. Fidel en su piedra, Raúl en su república bananera.

domingo, 7 de mayo de 2017

viernes, 21 de abril de 2017

By popular demand

Un segmento de la entrevista con Camilo Egaña en su programa de CNN en Español del jueves 20 de abril de 2017. Para verla pinche aquí. Una transcripción completa aparecerá próximamente en la nueva página web norbertofuentes.us

 


domingo, 2 de abril de 2017

Todo por la causa

Evtushenko, Padilla y la historia desconocida de un poema por encargo de Nikita


“Los manuscritos nunca arden”, dice el viejo proverbio ruso. Mala cosa, muy mala sobre todo para aquellos que se afanan en borrar su historia. Y máxime si publicaste en Pravda. La cosa es que la muerte de Evgueni Evtushenko este sábado 1 de abril me lleva a conectarlo a su más cercano amigo cubano, Heberto Padilla, debido a un razonamiento por simpatía. Ambos poetas, apenas muertos, son (fue, en el caso de Heberto, es, en el de Evtushenko) agasajados por un torrente de obituarios de la aburrida, vieja escuela de las víctimas del estalinismo. (No, a mí no me pregunten qué costilla le partió Stalin a Heberto. O si delegó en Beria. Pero que Heberto se cogió esa bronca para él solo, se la cogió.)

Pero hubo una época en que no todo era anticomunismo. La hubo de armonía, de fervor por los ideales. Estoy hablando de ellos dos, no de mí en el Escambray cayéndole atrás a Tomasito San Gil. Esos son los dos poetas que quiero recordar con esta historia. Ellos dos con Nikita Serguievich al fondo.

Heberto Padilla parecía responder a un sino ineludible: tener que desandar el camino de su propia producción poética. En “Dicen los viejos bardos”, uno de sus versos más emblemáticos de la colección Fuera del juego, advierte que en cualquier lugar y época en que el poeta se encuentre, siempre estará acechándole algún poema peligroso. No creo, desde luego, que tuviera en mente los versos de “Júbilo con fusiles”, el poema que escribió por encargo de Pravda, el órgano del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, en las horas previas al Año Nuevo de 1963 y traducido al ruso, de inmediato, compulsivamente, por el entonces controversial Evgueni Evtushenko, una mezcla de hooligan con bolchevique, según la leyenda. Por su parte, la influencia de otro soviético, Vladimir Maiakovski, más que evidente, parece ser la fuerza que conduce al bardo cubano, sin que le tiemble la voz, de las pretensiones liricas a la urgencia del panfleto de combate. No existe algo de tal peligrosidad en toda la carrera de Heberto Padilla que iguale este tosco testimonio de entrega a la causa. La lenta combustión de los años no ha sido capaz de otorgarle siquiera la gracia de la inocencia histórica: Padilla tenía que pasarse la vida abjurando de su obra. Las páginas malditas que una vez vislumbró que debía tragarse. Pero no por contrarrevolucionario sino, en este caso, por comunista. Siempre como que lo obligaban a hacer las cosas. O responder al extraño emplazamiento autoimpuesto de que para brillar había que pasarse al bando contrario, o por lo menos retozar con él.


Por “sugerencias” —más bien indicaciones— del primer secretario Nikita S. Jruschov, que estaba loco por cortejar a Fidel, de traerlo de nuevo a su redil, después de los encontronazos y fricciones surgidos durante la Crisis de los Misiles, la idea del poema cubano tomó cuerpo. El combativo “Júbilo con fusiles” de Heberto Padilla traducido por Evgueni Evtushenko publicado en la página 5 de la edición de Pravda del 1 de enero de 1963, para conmemorar el cuarto aniversario del triunfo de la Revolución Cubana, pasó de cualquier manera desapercibido para el lector cubano y sobre todo para Fidel Castro. Inútil esfuerzo de un primer secretario y de dos poetas —desde un remoto Moscú.


JÚBILO CON FUSILES

Se oye el tarareo
Se oye el tarareo,
de árbol en árbol,
de calle en calle.
Tomo la boina,
la pistola, las balas.
¡Yo, plaza de ustedes!
¡Yo, calle de ustedes!
Oigo las banderas
de algodón, crujir
sobre nuestra tierra
que viene preñada
y los gritos fuertes:
«Uno, dos, tres…»
Por encima de lo más oscuro
como mi boina.

Canto yo
mi camino inicial
tarea de poeta —
marchar con paso firme
pero sin equivocarse
así ayudo yo,
junto a mi pueblo
marcando el paso.

¡Marchando! ¡Marchando! ¡Marchando!
El corazón al paso se enardece
Escogimos nosotros el camino.
Todos somos uno
Somos gente de paz
pero estamos alertas
mirando al mar

De todos modos — estamos en combate
tendidos en los parapetos
de pie tras los arbustos
combatiendo la mentira
y el engaño.
Yo veo a los barbudos
y a los que no tiene barba
en el combate
en las fábricas y las empresas
luchamos con alegría.

Nosotros no somos patéticos
o amargados o mustios —
eso no es revolución.

Somos esos mismos cubanos
somos esos mismos rebeldes
en los combates
contra el oxidado dogma
del sectarismo
y rechazamos
la pompa y el pesimismo.

No hay penumbras hoy
en la vida sino
júbilo.

Lo ves en Cuba
Sonrisas con boinas
sonrisas
con pistolas en las manos.
Y una vez nuestra
alegría fue dolor
y todo era difícil
como si la madre, ella
se encorvara por la amargura.

Sobre los que han caído
en el ataque al Moncada
y en las laderas escabrosas
de la Sierra Maestra
¿Para qué ellos cayeron?
¿Para que ellos cayeron?
Para que estos jóvenes
no sean pesimistas,
para que rían
y en los combates más difíciles
no flaqueen.

No importa que gritos amenazantes
se oigan alrededor,
nosotros reímos.

Terrible nuestra risa.
Sabemos muy bien
que la Revolución
lograda en la batalla
es júbilo para todos.

Notas: La obligación (para incluir en este sitio) de traducir del ruso un poema que originó en español, y que hasta el presente y hasta donde se sabe solo ha sido conocido en ruso, es porque no se ha encontrado la versión en español. No deja de ser graciosa la idea de que el disidente cubano Heberto Padilla haya sido también el primer autor cubano de poemas soviéticos en español.

El verso “Uno, dos, tres…” reproduce la fonética del español en la traducción original al ruso. Barbudos fue incorporada por los soviéticos a la lengua rusa después del triunfo de la Revolución Cubana. Sierra Maestra está empleado como adjetivo en la traducción de Evtushenko y por eso en el facsímil de Pravda aparece como una sola palabra y en minúscula.

El borrador de una primera traducción del ruso al español es de Álvaro Alba. El resto (con todas sus torpezas y errores) es mi responsabilidad.

Ah, ¿pero no me lo quieren creer? Pues este es el facsímil de aquel Pravda tan nefasto para la memoria de los revisionistas. ¡Y arriba los pobres del mundo!


domingo, 19 de marzo de 2017

¿Y qué va a ser de nosotros ahora?


Era un Motorola. De doble función, despertador y radio. Los viejos lo tenían en la mesa de noche de la izquierda, aunque no recuerdo si era el lado del viejo o de la vieja. Si recuerdo que era mi lado cuando llegaba de la escuela, o los sábados y domingos cuando los viejos no estaban en la habitación. La función de despertador de manera permanente e indefectible se disparaba, de lunes a viernes, a las 7 de la mañana, hora de levantarse para el trabajo ellos (el viejo, publicitario y asociado de la Mafia americana, y la vieja, por contraste, maestra de kindergarten de escuela pública) y nosotros (mi hermanita Estrella, mi hermano Luis y yo el primogénito —así me decía el viejo, “el primogénito”), para nuestra escuela. Pero tal la parte tortuosa del trabajo del Motorola.

La parte buena era al regreso de las clases. Porque era directo al rocanrol. Girabas el botoncito izquierdo que parecía un dedal adosado a la careta plástica del equipo y esperabas unos instantes a que se calentara —los radios entonces ”se calentaban”— y enseguida ya estabas oyendo Radio Kramer, es decir, a flotar en el mismo éter en que podía hallarse un adolescente de Arkansas o de Maine, ellos y tú, con los Diamons con Liteldarlin y con Polanca con Daiana, y con Lonli blu boi, que no se me olvide, y los Platers con Onliyú, y Yerri Liluis con Gritbol of fair y con Juloracheik goin on y, no faltaba más, con Chucberri y Esculdai y Suitlitel sixtín y la constante final de su consigna Jeil Jeil Rocanrol y todos, todos ellos, bajo la mirada severa, admonitoria, ora complaciente, ora perdonavidas, del Quin, del mejor y más completo de todos y que le dejaba muy claro desde el principio a las nenas que no quería ser un tigre para no arañarlas, que lo que quería ser era su osito de peluche. Oh, Elvis, cuánta sabiduría en tus palabras. Porque ese osezno, peludo y como dejado al descuido sobre el sofá, cuando atrapara a su nena, no iba a haber Dios que se le zafara del abrazo.

Radio Kramer. Toda una generación de habaneros tuvo su alma mater alternativo en esa emisora. ¿No se acuerdan de la voz de aquel mariconcito que llevaba la programación de la tarde y que, puntualmente, a las 3.30 pm presentaba durante media hora “Starring Elvis Presley”? Arrastraba las erres, de manera muy apropiada cuando introducía la primera pieza del día (ya había discos suficientes de Elvis en el mercado como para sostener un programa diario de media hora), y sonaba Yeil Jaus Roc y el decía, después de los primeros guitarrazos procedentes del vinil: “Estarjin Elvis Prrresley.”

Claro, olvídense de Radio Kramer después de comida. Hasta eso de las 10 pm le tocaba a la televisión (también creo que un Motorola, seguro que algún negocio de trueque de publicidad por producto de mi viejo con los distribuidores de esa marca) y entonces era la tanda de los episodios enlatados de El Llanero Solitario y Patrulla de Caminos y Bat Masterson y La Ley del Revólver, tremenda educación proyanqui que estábamos recibiendo en las gloriosas vísperas del triunfo comunista en Cuba. Pronto, muy pronto, estaríamos de parte de los indios y no de los caobois. Unos hijos de puta los caobois esos. Unos racistas.

Y, en fin, para abreviar, todas las fórmulas doctrinarias subliminales a través de la televisión cesaban cada noche en mi casa a eso de las 10. Los muchachos, entre los que me encontraba, para la cama, porque mañana hay escuela. Esas funciones regimentales de disciplina le tocaban a la vieja, porque el viejo no llegaba hasta tarde en la madrugada, la 1 am o cosa así, porque parte de su trabajo era de noche, casi siempre en el cabaret Sans Souci, el cuartel maestre de Santos Traficante. Y, pocos lo sabían, pero después de las 11 era el momento en que el invencible Motorola radio despertador de la mesita de noche volvía a adquirir su capacidad de servicio, cuando la vehemencia de maquis, desafiante, revencúa de mi señora madre, sintonizaba las trasmisiones que surgían en una montaña de la Sierra Maestra, su orejita —con el correspondiente brillante engarzado al lóbulo— pegada a la bocina de modo que desde el Mercury de la policía de Salas Cañizares de recorrido por la calle aledaña los esbirros no identificaran el inconfundible silbido de la trasmisión a distancia de una planta marca Collins, modelo 32-V-2, de mediana potencia, unos 120-130 watts, instalada en una guarida de guerrilla en el Alto de Conrado. Yo siempre lo digo, ¿saben? Y lo menciono a propósito de todo esto. Mi generación ha sido una de las más afortunadas de la historia de la civilización humana. Tuvimos a Elvis y tuvimos a Fidel.

El problema, claro, sigue siendo la cabrona mortalidad. Es la que viene de modo permanente a jorobarlo todo. Porque fíjense en ayer tarde. De pronto, de sopetón, la noticia aciaga. Charles Edward Anderson Berry ha sido pronunciado muerto a los 90 años de edad en su mansión del condado de St Charles. Y uno que pensaba que no podía haber nada peor que Donald Trump. Uno siempre tan equivocado.

martes, 14 de marzo de 2017

El taller arranca

   
 El primer producto —la edición impresa de
El último disidente. Fidel y la transición en Cuba
ya está a la venta en Amazon.


jueves, 2 de marzo de 2017

El último disidente

El último disidente está a la venta en versión Kindle. El libro ha sido revisado y notablemente ampliado. La edición impresa debe aparecer en los próximos días. El libro, a su vez, es el primero que publica Cuarteles de invierno, una iniciativa editorial de Pedro Schwarze. Seguirán otros títulos, no solo de materiales inéditos sino reediciones de libros que, casi siempre, han visto saboteado su acceso al público por las usuales maniobras del Gobierno cubano sobre los editores occidentales. Así que limpien una tabla del librero para acomodar una colección de volúmenes de diversos tamaños y pesos, que no solo han sido escritos en libertad —enfatizo: entera libertad— sino que he logrado poner fuera del dogal de editores pusilánimes y rápidamente comprables.


Olvídese de todo lo que haya podido leer hasta ahora sobre los últimos años de Fidel Castro. Lo que Norberto Fuentes cuenta aquí es lo que pasó, narrado con la intensidad volcánica del que lo conoce mejor que nadie.
—Enrique Serbeto (ABC)

No es una colección de crónicas, es el relato de una época. Está expuesta con la maestría de un gran escritor. Y es un despliegue de información y de conocimientos íntimos de los que quizá hayan sido los episodios más arduos y desconcertantes del liderazgo de Fidel Castro y del proceso que culminó con la entrega (¿o captura?) del poder por su hermano Raúl.
—Jorge Dávila (CNN)

De la experiencia de su lectura:

Los brotes de humor negro atribuidos a Raúl Castro (…) fueron atestiguados por el escritor Norberto Fuentes durante el paseo otoñal de 1987 por Camagüey, visitando la fábrica de fusiles de asalto Kaláshnikov. Acompañaban al entonces ministro de Defensa, su ayudante Alcibíades Hidalgo y el vicepresidente Carlos Lage. Tragos en mano, se metieron con el agua hasta la cintura en la piscina de la resiedencia que la policía reservaba para estas visitas, según Fuentes en su libro El último disidente. De sopetón Raúl Castro soltó: “¿Ustedes se imaginan, caballeros, que pasaría en este país si a Fidel le da un infarto y a mí me da otro al recibir la noticia?”
—Juan Jesús Aznarez (El País)

Era la noche del lunes 31 de julio de 2006 y en la televisión cubana se había leído un mensaje de Fidel Castro en el que anunciaba un inédito traspaso de sus funciones a otros funcionarios, pero por sobre todo a su hermano Raúl, En las semanas precedentes, con los 80 años de Fidel Castro en vista, y los 24 meses que vendrían, Norberto Fuentes escribió y respondió preguntas incesantemente sobre lo que sucedía en Cuba y hacia donde se encaminaba Cuba. Una fase nunca antes vivida por la isla en su historia, por lo que era muy fácil caer en un terreno pantanoso o ser presa de los espejismos al interpretar esos hechos. Ya sea desde distintos medios internacionales, como desde el blog “MI LEÑA AL FUEGO”, los escritos y opiniones de Norberto se convirtieron en imprescindibles y necesarios. No por nada fue él quien hizo público el diagnóstico de las dolencias de Fidel Castro: diverticulitis. Este libro reúne todos esos artículos y entrevistas de este expectante período, en versiones íntegras y corregidas, que más allá de su importancia histórica se transforman en una guía para descubrir lo que se viene en la Cuba erigida durante seis décadas por los hermanos Castro.
—Pedro Schwarze (en el prólogo del libro)

miércoles, 18 de enero de 2017

[Sigo al bate]
"No creo que los cubanos tengan
por qué condenar a Fidel Castro"

Una entrevista de José Durán Rodríguez en Diagonal (Madrid), 15 de enero, 2017.

Pocas voces tan autorizadas para retratar a Fidel Castro como la del escritor Norberto Fuentes. Su trayectoria –línea directa con la jerarquía de la revolución cubana durante años; exilio en Miami desde 1994– y una obra inmensa –La autobiografía de Fidel Castro– avalan una mirada propia e imprescindible sobre las últimas seis décadas en Cuba.


El siglo XX terminó a las 22:29 del 25 de noviembre de 2016. Ese día y a esa hora fallecía en La Habana (Cuba) Fidel Castro. La sentencia fue utilizada hasta la saciedad en análisis y titulares durante las semanas posteriores, pero eso no le resta potencia ni veracidad.

En efecto, el historiador Eric Hobsbawm erró: el corto siglo XX que acuñase –iniciado con la I Guerra Mundial– no se cerró cuando la Unión Soviética se desintegró en 1991 sino que lo ha hecho 25 años después, con la desaparición física del comandante en jefe de la revolución cubana, el proceso político más duradero durante ese periodo y uno de los más relevantes para tratar de explicarlo.

En un hábil movimiento, la editorial barcelonesa Stella Maris volvió a poner en las librerías el 13 de diciembre La autobiografía de Fidel Castro, tras haberlo recuperado en 2015. Publicado originalmente en 2004 por Destino en dos tomos, esta nueva edición resume en un volumen de más de 600 páginas la obra del escritor cubano Norberto Fuentes (La Habana, 1943).

El libro, digámoslo ya, es extraordinario, un ejercicio único de recreación histórica novelada de la vida de Castro en la que el narrrador se identifica como el propio Castro. Uno de los personajes políticos más importantes del siglo XX rememorando su vida en primera persona.

Fuentes mantuvo un estrecho contacto durante los años 80 con los hermanos Castro. De ahí tomó la materia prima –al alcance de muy poca gente– con la que dio forma a esta obra. Su relación se fue enfriando por diferencias políticas y alcanzó un punto de no retorno con la ejecución del coronel Antonio de la Guardia, amigo íntimo del escritor, condenado en 1989 a la pena de muerte por narcotráfico, junto al general Arnaldo Ochoa y otros oficiales del ministerio de Interior. En 1993, Fuentes intentó abandonar Cuba. Tras ser detenido, la mediación del Premio Nobel Gabriel García Márquez le permitió salir del país un año después y establecerse en Miami (Estados Unidos), desde donde atiende a la llamada telefónica de Diagonal.

¿Dirías que el libro podría pasar por la autobiografía real de Fidel Castro?

Yo lo asumo como una autobiografía real. Como toda la literatura, incluidos los libros históricos, es la voluntad del autor la que lo determina. Incluso si Fidel Castro lo hubiera escrito, iba a poner elementos de su voluntad, de su decisión, de su imaginación, iba a ocultar cosas... Yo no he ocultado nada, ésa es la diferencia, tengo la total responsabilidad o irresponsabilidad de poner todo lo que me da la gana de todo lo que conozco. Él se hubiera cuidado en algunos aspectos.

A veces sí parece una obra escrita por Fidel Castro, otras no.

En la primera edición española apareció como ensayo. En Estados Unidos fue donde lo catalogaron como novela. Me guié por dos libros, asumidos como ensayo, que son capitales: la autobiografía de Gertrude Stein, a través de su amante, Alice B. Toklas, y Dutch. A memoir of Ronald Reagan, de Edmund Morris, que introduce personajes de ficción.

Los libros de historia están plagados de la decisión del autor. Cuando escoges los hechos, estás haciendo ficción. Yo lo hice como ensayo, como un libro veraz, sólo que asumí un punto de vista quizá audaz: ponerme en la mente de Fidel para explicar los porqués. Esos porqués estaban revelados en la vida real en conversaciones íntimas, en cosas de sus círculos más cercanos, de su hermano Raúl, a los que tuve acceso durante muchos años. Hacer otra cosa hubiera sido hacer lo mismo de siempre, un libro de chismes.

¿Cuáles eran los objetivos cuando lo escribiste?

No eran objetivos políticos, siempre son objetivos literarios: hacer un libro válido, genuino. Reflejar una historia. Después yo creo que terminó siendo la novela de la revolución cubana. No fue algo que me hubiera propuesto de inicio pero es lo que terminó siendo. No existe un libro como ése sobre la revolución.

¿Quedaste satisfecho?

Después de terminar un mamotreto de 3.000 páginas, si no quedas satisfecho, quedas exhausto, no quiero más (risas). Hay veces que encuentro cosas en el libro y digo "coño, esto lo escribí yo".

Fue Fidel Castro, ¿no?

Sí, es verdad. Hay quien dijo, algún hijoputa –lo digo humorísticamente o en serio, no importa (risas)–, que Fidel no era tan culto como yo. No es verdad. Fidel es un hombre cultísimo y un intelectual muy serio, lee mucho, mucho... O leía. Donde está ahora no puede leer.

¿Hay alguna relación entre tu libro y la película Comandante de Oliver Stone?

Hay mucho material sobre Cuba, se está saturando el mercado, especialmente desde el restablecimiento de relaciones con Estados Unidos hace un año y pico. La película de Oliver Stone es deliberadamente política a favor de Fidel Castro, no digo que eso sea malo sino que en ese momento del proceso había mucha propaganda muy mala contra Fidel. Hay un documental de 1968 de Saúl Landau que es formidable. El mejor libro que he leído sobre Fidel Castro es Huracán sobre el azúcar de Jean Paul Sartre, un libro capital para entender la revolución cubana.

Te preguntaba por la película de Stone porque en ella, de alguna manera al igual que en tu libro, se puede escuchar directamente a Fidel Castro, dando su versión en primera persona. Eso en Cuba era lo habitual pero fuera de allí no tanto: todo llegaba muy mediado.

Ésa es la fortuna de tener una cámara y una grabadora... y de ser americano (risas). Fíjate, ésa es tu percepción como lector o espectador español. En realidad los cubanos, si algo tenemos, es que hemos escuchado a Fidel constantemente, es una voz que nos estuvo acompañando continuamente.

¿Sabes si Fidel Castro leyó el libro?

Sí, cómo no. Lo leyó y en las reflexiones que publicó en los últimos años a veces me respondía cosas. Amablemente o por precisar cuestiones históricas. No decía: "Norberto...", pero sí corregía en sus reflexiones algunas cosas que yo había escrito en el libro. También tengo unas cuartillas anotadas por él con correcciones a mi libro Hemingway en Cuba, por ejemplo que él dirigía un "pelotón" y no una "escuadra" en el asalto a Cayo Confites de varios revolucionarios para tratar de derrocar a Trujillo en 1947. Era muy detallista. Lo hacía sobre todo para demostrarte que él se había leído acuciosamente determinado texto. A García Márquez también le hacía cosas así.

¿Te importaba su opinión sobre este libro?

Me importaba en un sentido gracioso, era algo que él no podía evitar. A él le preocupaba más que a mí, llamaba constantemente a la editorial Destino para preguntar cuándo se iba a publicar, para preparar su respuesta, que era un libro con Ignacio Ramonet. Y lo sacaron una semana antes, finalmente.

En Cuba él me leía. Mi primer libro, Condenados de Condado, de 1968, causó un gran problema en Cuba y a él lo encabronó enormemente. Es un libro bastante babeliano, a la Isaac Bábel, en el que los soldados revolucionarios no son precisamente angelitos, un libro muy humano pero a él no le gustó nada porque decía que afectaba a la imagen del ejército rebelde. Está considerado el primer libro disidente de la revolución cubana. Eso me costó años de ostracismo, de problemas en Cuba. Después, por decirlo rápidamente, hicimos las paces. Las hizo él, sobre todo a través de García Márquez, y simpatizó conmigo. Yo siempre había simpatizado con él, siempre pensé que era un tipo formidable, el único que podía dirigir la revolución cubana y que lo estaba haciendo muy bien, además.

Cuando se superó esto, él me leía y hablaba de mí en el Buró Político del Partido Comunista de Cuba y le decía a Carlos Aldana [hasta 1992, ideólogo del PCC y responsable de Relaciones Internacionales del partido]: "Lo leo y me doy cuenta de que Norberto Fuentes es un revolucionario".

Eso es un cuchillo de doble filo porque cuando eres un revolucionario libre, como fui yo siempre, te pone en una igualdad que a los dirigentes no les gusta ni les conviene. Que tú seas revolucionario, compartas una ideología, incluso que acates su liderazgo no quiere decir que estés de acuerdo con él y que no le puedas responder o acabar convirtiéndote en un problema, que fue lo que finalmente ocurrió.

En el libro destacas cómo Fidel Castro justificaba sus actos en lo que pasaba en el exterior.

Sí, eso ha sido siempre el background contra el que operaba. Sartre dijo desde muy temprano que la revolución cubana era una revolución de contragolpe, que avanzaba a contragolpe con el enemigo y que si éste no le golpeaba en algún momento, la revolución cubana tenía que inventar el golpe.

Pero los intentos de asesinato de Castro y el embargo existen, no son inventos.

Absolutamente. Los americanos son muy malos en política exterior y ellos le sirvieron la mesa siempre, como él quería. Son facilitos de provocar. Les cogió el número de la baraja. Los toreaba, hizo lo que él quiso. Los peligros fueron reales, claro, y él sabía cuándo agazaparse. Hay un lema que se utilizaba mucho en Cuba, "jueguen con la cadena pero no con el mono", y eso se aplicaba. Quién les iba a decir a los americanos en 1959 que a 90 millas de Miami iba a haber una revolución comunista, eso era imposible. Ningún presidente americano lo sobrevivió.

¿Fidel Castro es el personaje más importante para entender el siglo XX?

Es el más atractivo, al menos. Ayer estaba viendo una película sobre Churchill, de Netflix o HBO, bien hechecita... Aquí todo el mundo dice que Churchill es el político más importante del siglo XX. Puede que lo sea pero es que la obra de Fidel Castro es una obra en la abstracción, de la imaginación. No sé cómo se medirá en la historia, qué dejó materialmente, cómo valorar la supervivencia y las proezas de la revolución cubana –lo fueron, después le ponemos el ingrediente moral, el beneficio o el maleficio...

De ser una islita de mierda, perdida en el Caribe, a estar a punto de volar el mundo en una conflagración nuclear en cuestión de dos años; meter medio millón de hombres en el cono sur africano, en países que la gente no sabía que existían como Angola; la alfabetización y la salud pública cubanas, lo que había antes en Cuba eran los chiquitos con la barriga reventada de lombrices...

Los universitarios, tú. Ahí todo el mundo está graduado en la universidad, las putas son universitarias, las jineteras,... Hay una peliculita cubana formidable, Utopía, sobre cuatro cubanos delincuentes, lumpen, jugando al dominó. Y de pronto empiezan a discutir sobre El Greco, que es lo que han dado en las clases de la universidad. Terminan a puñaladas, porque son delincuentes, pero discutían sobre El Greco (risas).

¿Absolverá la historia a Fidel Castro?

A él le importa un carajo. Eso son palabras. Allí en España le hicieron esa misma pregunta cuando fue a Galicia a ver a Fraga y él respondió que en qué momento de la historia, dentro de cien años o de quinientos o mil, ¿te das cuenta?

La revolución cubana nunca fue una revolución de estrategia, porque eso determina un camino y si lo vas a seguir, hay un paso obligado y te van a emboscar y a liquidar. Y él es un guerrillero viejo, muy experimentado, para caer en esa trampita de la estrategia. Las estrategias son siempre una trampa. Él vivía al día, era un tipo eminentemente táctico. Preguntarle por la historia a un genio de lo táctico como él... Eso fue una frase de propaganda que dijo en un momento determinado.

¿Y los cubanos lo absolverán?

No creo que tengan por qué condenarlo. Ahora te voy a hacer casi la misma pregunta: qué cubanos y cuándo. ¿Los de la película Utopía, los educados, los médicos, los que están en Miami? En Cuba había un cartelito en las puertas que decía 'Gracias, Fidel'. Ese cartelito lo pueden poner los cubanos que viven en Miami, tienen casa, dinero, automóvil, viven en el primer mundo, si no estarían en Cuba, viviendo en un país subdesarrollado y sin ninguna perspectiva... Hasta la contrarrevolución se benefició de Fidel, ¿no?

¿Qué puede pasar en Cuba ya sin Fidel Castro?

Es algo interesante... Anota bien esto, que es lo más interesante que te voy a decir. Estados Unidos se ha convertido en un aliado o adversario, todo depende, muy inestable. Ahora se abre un periodo aquí muy inestable y eso es algo que en Cuba les sorprendió porque EE UU siempre fue un adversario muy estable, sabías lo que podías esperar de ellos, sobre todo con Fidel. Raúl ha hecho alianzas con los americanos y parece que pueden estar intentándolo también con Trump. Me parece que ahora están a la expectativa.

Como hablábamos antes, la revolución cubana siempre se movió a contragolpe de los americanos, no a favor ni en contra de los soviéticos sino a contragolpe de los americanos. Ahora EE UU está muy inestable, el aliado –elusivo pero aliado– Putin está muy enredado en todo esto también y los cubanos están esperando, calladitos y con las tropas acuarteladas.

Tuviste un intercambio de opiniones desagradable en el programa Herrera en Cope tras la muerte de Fidel Castro, ¿te sentiste utilizado?

No, pienso que lo que pasó fue un empleo del lugar común. Me preguntaron "usted qué piensa de la tiranía sangrienta de Fidel Castro". ¿Qué tiranía sangrienta? Si formulas así la pregunta, me estás obligando a una respuesta que yo no tengo. No es una conversación inteligente, no es serio. Vamos a elevar la conversación a qué es lo que se entiende por libertad, por ejemplo.

Luego estaba este hombre, que después me enteré de que era delegado en la ONU del gobierno de Aznar y votó por la guerra de Iraq, que me llamó chovinista [se refiere a Inocencio Arias]. Yo estaba dando mi opinión y me insulta, me acusa de defender a Fidel Castro cuando yo no puedo viajar a Cuba y él, según dijo, se pasa la vida allí. A qué estamos jugando. Pero te digo que Carlos Herrera es mi amigo y se dio cuenta de lo que venía y dijo "vamos a dejarlo dormir". Yo me divertí, al final.

Escuche aquí la entrevista en el programa de Carlos Herrera de la cadena COPE del lunes 28 de noviembre de 2016.

sábado, 14 de enero de 2017

“Fidel empujó al Che a salir de Cuba con la esperanza secreta de que lo mataran”


Entrevista de Sergio P. Páramo en El Captor (http://www.elcaptor.com/), 13 de enero, 2017

Norberto Fuentes, escritor, periodista y observador de la Revolución Cubana durante décadas, no se considera un contrarrevolucionario, aunque actualmente reside en Miami, el refugio habitual de la disidencia cubana. Desde allí nos concede una entrevista con ocasión de la reciente reedición de una de sus obras más relevantes, La autobiografía de Fidel Castro, de la editorial Stella Maris. Durante la conversación nos confiesa dos secretos: uno, que de no haber permanecido en Cuba hasta entrados los años 90 su destino actual más probable sería el de un vendedor retirado de Toyota. Dos, que su decisión de sumarse a la Revolución le dotó de un universo que de otra manera jamás hubiera sospechado ni soñado.

La autobiografía de Fidel es un relato ambivalente acerca del proceso revolucionario en Cuba. ¿Hasta qué punto considera que este proceso hubiera sido posible sin ese Fidel luchador, salvaje y hasta conspirador que se descubre en el libro?

Sin Fidel hubiese sido imposible. La Revolución Cubana es Fidel Castro y Fidel Castro es la Revolución Cubana. Dicho esto, me gusta comparar la revolución con un fenómeno meteorológico: el huracán. Empieza con un viento y una serie de corrientes que le hace ser cada vez más intenso a pesar de que no tiene un destino inicial, es decir, es impredecible saber hacia dónde va, no tiene un objetivo final, es una formación que se crea y empieza a avanzar hasta que se deshace en el tiempo y en el espacio. Casi siempre las revoluciones son estallidos que se producen en determinadas regiones o países, pequeños actos que se crean y se acumulan, consiguiendo generar las condiciones que la propician y que solo encuentran la solución en ella misma.

Un pasaje del libro describe la magnitud del poder de persuasión de Fidel en una escena en la que emplea 25 horas para convencer a un guerrillero campesino de que sea fusilado, pues estaba dañando la reputación de la Revolución y poniéndola en peligro. ¿Tal era la influencia de Fidel?

En las revoluciones comunistas lo primero que te piden es la vida. Hay que estar por la revolución hasta la última gota de tu sangre. Un día te la piden y tú la das. Por eso un día estás en el pelotón y otro enfrente del mismo. En el caso que describes el campesino había delinquido y, por supuesto, en la ley de la Sierra, para mantener la homogeneidad del grupo había que establecer normas muy rigurosas, porque si no se te desbandaba el núcleo de la revolución. Y eso se aplicaba con rigor. En esa historia, real, y que se relata con detalle en el libro, Fidel necesitaba que el campesino aceptara su destino, que entendiera que era culpable, en pos de la revolución, y porque eso iba a ayudar a la unidad de un grupo guerrillero todavía pequeño. Y en una guerra la muerte es una primera condición. Una vez, en un discurso muy olvidado, Fidel dijo que la revolución es una guerra que cambia de formas. Cuando tú vas a la guerra, en cualquier bando, lo primero que va a pasar es que te van a matar, si cometes un acto de traición, te van a matar, si… sea lo que sea, te van a matar. Eso es norma, no solamente potestad de la Revolución Cubana. Lo que diferencia y lo que yo hago resaltar es que quienes habían pasado por ese proceso numerosas veces estando en el otro lado, a ellos, de alguna manera, la revolución les daba la oportunidad de aceptarlo. En Estados Unidos cuando vas a un juicio, el fiscal puede convencerte o no de que te declares culpable y aunque lo hagas es casi seguro que te condenarán a muerte también. No obstante, lo que caracterizó a este tipo situaciones en la revolución de Cuba es que estos casos se emplearon como bandera para que los demás no cometieran el mismo error. Fue lo que pasó con el campesino, o con Ochoa o con la tropa de mártires y voluntarios ejecutados, o como los esposos Rosenberg (para salirnos de las fronteras cubanas), quienes convirtieron su muerte y suplicio en un acto de propaganda a favor del comunismo. Fidel pensaba que si se les iba a fusilar de todas formas, mejor que sus muertes no fueran inútiles y que contribuyesen a la causa. Es el caso relatado. Se hartó por cansancio. La escena es dura. A mí me impresionó mucho.

Fidel concluyó en los inicios de la Revolución que nunca se debe dejar al enemigo huérfano de liderazgo y tras el análisis de algunos de sus muchachos puntualmente caracterizados por actos de indisciplina creó, cultivó y fomentó su propia red de adversarios.

Eso fue genial porque él encabeza una contrarrevolución que ni siquiera sabía que iba a existir.

¿Fue esto una peculiaridad exclusiva del carácter estratégico de Fidel o constituye una regla común en la mayoría de los Estados actuales, crear a tu propio enemigo?

Eso no es nuevo, desde un punto de vista filosófico. Jean Paul Sartre ya se lo dijo a Fidel en el 59 y lo escribió en sus maravillosos reportajes. La cubana fue una revolución que avanzaba a contragolpe del enemigo. Y cuando no hubiera golpe, había que inventarlo. Fidel no instiga una contrarrevolución. Fidel la dota de sus jefes, en la mayoría de los casos, para controlarla. En las sociedades occidentales la figura se llama cínicamente “testigo de cargo”. En Cuba sabían que se avecinaría una contrarrevolución apoyada por los Estados Unidos, el país más poderoso del mundo. Entonces Fidel se prepara para eso y para controlar a la contrarrevolución en Cuba y en Miami, porque muchos de los que fueron a Miami eran hombres de él, que se pasaron a la contrarrevolución a propósito. (Otros también fueron invitados e incluso financiados para que salieran. Cuba es una isla. Y si dejas que la olla coja presión puede estallar). En la Segunda Guerra Mundial esto sucedía mucho con la guerrilla. Los alemanes lo llamaban operación “Capilla Roja”. Infiltraban grupos de guerrilla en la zona de guerra del Ejército Rojo. Capturaban soldados soviéticos los entrenaban y los lanzaban dentro del grupo guerrillero. Los soviéticos también lo hicieron de otros modos. Hay miles de variantes.

En el libro se relata una anécdota sobre una emisora radial que tras el triunfo de la Revolución siguió obteniendo ingresos publicitarios de empresas que en realidad no eran sino subvenciones encubiertas del Gobierno cubano para mantener identificado un espacio de expresión disidente. ¿Cree que este tipo de prácticas financieras se siguen llevando a cabo hoy en día?

Fidel le tenía simpatía al editor, porque le había ayudado mucho antes de la revolución. Tenía un programa simpático al que la gente escribía y se quejaba de cosas, como que si faltaba un producto en una bodega o cuestiones parecidas, y él decía al final: ¡deja que se entere Fidel!No obstante, aunque esta era una emisora pequeña, la anécdota apunta a la importancia de que un gobierno esté bien informado de lo que pasa en la calle. La revolución tenía dos instituciones, excelentes, las mejores del mundo. Una era el “departamento de seguridad del estado”, la contrainteligencia cubana, que estaba diseminada por todo el país, a todos los niveles, sobre todo a través de los “comités de defensa de la revolución”, uno por cuadra, y el otro era una especie de “servicio de información del pueblo”. No sé si existe todavía. Si tú estabas en determinados sitios, en la escuela, en el trabajo y se hablaba por ejemplo de la distribución del café, del consumo en la casa, inmediatamente se procesaba y se subía. O de una opinión sobre el internacionalismo de Angola… esto se procesaba, se subía y se elevaba a las máximas instancias elaborando el resumen final. Era un servicio muy eficiente y ellos estaban muy bien informados. Lo que siempre estuvo Fidel Castro fue muy bien informado. ¿Tú has oído hablar de que pasara algo en Cuba en 55 años? En 55 años no pasó nada.

Leo una de las frases de la autobiografía: “La diferencia entre el conocimiento y la mentira, es que mientras tú apenas necesitas de un párrafo para el conocimiento, una mentira te exige de una producción mucho más voluminosa, hasta libros completos”. Desde su posición de observador de la Revolución Cubana, ¿por qué cree que se caracterizó más, por el conocimiento o la verdad, o por la mentira?

Se caracterizó por la política. La política es demagogia, mentira… es lo que tú necesites. El problema son los lugares comunes a la hora de analizar la Revolución Cubana. Es complicado decir categóricamente fue esto o fue lo otro, sin correr el riesgo de alejarse de la verdad. La revolución está hecha de compromisos, de aventuras, de sangre, hecha por hombres que se desatan en una corriente de cosas tremendas hasta el punto de que, como apunta Trotsky, se acaba subvirtiendo un país entero: costumbres, leyes, moral… Calificar esto con la óptica del pasado es erróneo. Hay que buscar una óptica muy cercana a los hechos y a su vez alejarse para poder tratar de comprenderlo. Si tú me dices que fue una tiranía, pues sí, pero también una bendición. ¿Qué sostenía ese poder? ¿Quién tenía controlado el miedo? ¿Quién controlaba a los que metían miedo? ¿A quién se tenía miedo? Resulta que no se puede hacer una hipótesis total, señalando a un solo hombre, Fidel. Había millones de personas metidas en el proceso. La revolución es un estallido, una experiencia, y encasillar eso con palabras sirve para el titular de un periódico pero para nada más. Los americanos hicieron todo lo posible por destruir la revolución. Y la verdad es que Cuba les ganó la guerra por humillante que parezca, sobre todo conociendo a cuánto asciende el presupuesto de la CIA y a cuánto asciende el de Cuba. Yo me sumé a la revolución, por mi sensibilidad de escritor y artista y porque creía que algo había que hacer. La revolución me dotó de un universo y si no hubiese sido por ella, ¿a qué podía haber aspirado? A trabajar en publicidad, a ser periodista, a hacer historietas.

En el libro se mencionan, precisamente, algunas reflexiones sobre el si condicional o hegeliano en el que se sumieron algunos personajes políticos clave del siglo XX.

Por ejemplo, lo que decía Nasser. Es un dato histórico. El imperialismo cometió dos grandes errores después de la Segunda Guerra Mundial. 1º: La creación del Estado de Israel, porque “si” no hubiese sido por la creación del Estado de Israel el propio Nasser no habría sido más que un oscuro coronel del ejército británico o egipcio destacado en la zona de Gaza. 2º: Poner a Batista en el poder, porque “si” los Estados Unidos no lo hubieran apoyado y armado, Fidel Castro no habría sido más que un oscuro senador de la república clamando por una reforma agraria que nunca se hubiera producido.

“Si le abrí las puertas al Che para que se fuera a África no fue para que me ganara una guerra anticolonianista, sino para que se lo comieran los leones”, sorprendente confesión, de ser cierta.

En primer lugar, una cosa es la propaganda y otra la conspiración. No hay que olvidarse nunca de que el comunismo es conspiración. Comunismo igual a conspiración. Cuando Raúl le dice a Fidel: “Oye, te voy a traer a un muchacho que conocimos, un argentino”. Fidel, con esa visión y esa cultura que tiene, le dijo: “Raúl, América Latina está llena de trotskistas. El único país que no tiene trotskistas es Cuba, porque el partido comunista los liquidó a todos. No metas el trotskismo en la Revolución Cubana”. Y Fidel con su manera muy particular y extraña de actuar, aceptó al Che, lo acogió y se lo puso bien pegadito y bien cerca. Y después, toda la campaña del Che en la Sierra fue de conflictos. La salida del Che hacia África, a la que solo faltó poner miguitas de pan a la CIA para que conocieran su localización, fue como un ensayo para preparar un foco guerrillero entre la frontera de Paraguay, Argentina y Bolivia. Un sueño que le hicieron creer al Che. Y allí no hay que olvidarse de que el Che acaba entregándose.

Fue capturado.

Se entregó, no lo capturaron, porque dijo: “No disparen, que yo soy ese que están buscando. Soy Ernesto Che Guevara”. El Che no podía entregarse.

¿Debería haber muerto?

Claro, cómo tú te vas a entregar. ¿Se imagina uno a Simón Bolívar con las manos en alto? Eso no pasa. Al Che no lo cogieron ni con un rasguño en el pie. “Yo soy ese que están ustedes buscando”. La CIA hizo lo imposible por salvar la vida del Che. Era muy importante tener a alguien hablando mal de Fidel Castro. Pero no lo consiguieron porque los bolivianos decidieron matarlo.

¿Quién fue entonces en su opinión el más puro de entre los principales protagonistas de la Revolución Cubana?

Buscar pureza en gente asediada por el hambre o en bandidos que eran buscavidas o en burgueses que se sumaron a la revolución es una tarea complicada, además de innecesaria. La pureza no existe, como decía el poeta Nicolás Guillén. El partido es una organización de luchadores, no de santos. Tenía un amigo, corresponsal en La Habana de Pravda, en realidad un oficial alto del KGB, que siempre me decía: yo soy del partido de cintura para arriba, de la cintura para abajo soy mío.

Pero Fidel parecía ver al Che como un peligro para la revolución porque era el único intelectual de todos los dirigentes.

El Che tiene una aureola mitificada, pero mató a las niñas y a las señoras, era un asesino despiadado. Está la imagen que se tiene de él, la de que todo revolucionario está guiado por no sé qué cosa de amor. Pero ser intelectual no significa ser puro. Como decía William Faulkner: cuánta ignominia, cuánta mierda de mis antepasados corre por la sangre de mis venas.

Sobre Sergio P. Páramo

jueves, 5 de enero de 2017

Malas noticias para Raúl

Primera señal. Tenemos un nuevo Fidel Castro.
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La foto es en la Plaza de la Revolución durante el desfile del pasado lunes 2 de enero.